Estamos viviendo tiempos de altísima incertidumbre económica y social, en los cuales se toman medidas acordes a las exigencias que demandan las circunstancias.
En este post quiero hacer algunas observaciones con repecto a los diferentes fondos que se han creado recientemente, cada uno con su trasfondo y que han generado algo de ruido.
Comenzando nuestro recorrido por Estados Unidos, vemos que se crearon fondos de rescate financiero para salvar a las empresas financieras irresponsables (principalmente bancos de inversión y comerciales que colaboraron muchísimo para que la crisis sea de magnitudes insospechadas), que estaban próximas a la bancarrota (en ese país sólo en el 2010 quebraron 160 bancos).
Primero fue el Plan Paulson con 700.000 millones de dólares, porque aunque parezca una cantidad irracional, menos que eso no alcanzaba para poner en marcha al aparato económico. Después la Reserva Federal "inyecta" 600.000 millones de dólares (con los QE2) porque parece que la economía no alcanzaba a despegar.
Tras estas medidas, como comenté en un post anterior, en el mientras tanto, EEUU se dirime entre la obligación apremiante de disminuir la deuda o elevar el tope de la deuda pública para no caer en default, ambas opciones autoexcluyentes.
Muy pocos creen realmente que estas herramientas puedan dar resultados medianamente satisfactorios en un laberinto tan complicado.
Cruzando el charco, en Europa también crearon un fondo de rescate para "atenuar la crisis", aunque hay una lista de paises que muy pronto necesitarán ser rescatados al no poder afrontar sus compromisos (los PIGS: Portugal, Irlanda, Grecia y España son candidatos firmes), por los altísimos niveles de deuda soberana y déficit fiscal.Estaban en duda si reforzaban el fondo de rescate de 750.000 millones de euros, lo duplicaban a 1.500.000 de millones de euros, o les pedían a los países que empiecen a vivir a la altura de sus verdaderas posibilidades (o sea, ajustar).
Están complicados porque no saben si van a poder responder en caso de ser necesario con todos los países que lo requieran, por ejemplo, si España necesitara un rescate, no saben si alcazaría sin ampliar el fondo, mucho menos para otros que corran con la misma suerte, o mejor dicho, desgracia.
Ya pegando la vuelta, en Argentina se crearon el Fondo del Bicentenario, con fondos del BCRA (Banco Central de la República Argentina) y el Fondo de Garantía de la Sustentabilidad, con fondos del ANSES (Administración Nacional de Seguridad Social).
Al sopesar la magnitud de las necesidades (Estados Unidos con unos iniciales 700.000 millones de dólares, Europa con sus actuales 750.000 millones de euros, Argentina con 7.500 millones de dólares), queda claro que lo nuestro es casi imperceptible, y seguramente se me dirá que nuestra economía es considerablemente más pequeña que las primeras, pero también es cierto que guarda correlación cuando traspolamos la comparación a la relación del peso de la deuda relativo al volumen de las economías (Deuda/PBI), o con el Déficit Fiscal contra el PBI (Déficit/PBI); Argentina también es un buen ejemplo a seguir, hay un interesante análisis realizado por Levy Yeyati al respecto.
Si comparamos las finalidades de los fondos, queda claro que los de los países centrales son para rescatar economías estancadas, para que no caiga en la doble reseción en forma de W como en Estados Unidos, o para rescatar países como en Europa.
Acá los fondos son para desendeudarnos como país, para generar créditos que mejoren los niveles de producción local, que fluyan fondos a actividades productivas, que generan puestos de trabajos genuinos, y es válido aclarar que en 2010 las ganancias del ANSES superaron los 8.600 millones de pesos, al financiar al Estado tomaron bonos muy baratos, y ahora los venden en máximos; esto es posible porque se presta a un estado cada día más desendeudado internacionalmente, que está honrando sus deudas como en muy pocos momentos de su historia.
Lo curioso de estos fondos (acá viene el batifondo) son los altísimos niveles de desaprobación y resistencia por parte de la oposición al momento de la creación, siempre tan cuidadosa del cumplimiento de la letra de las leyes, aún cuando la rigidez de las mismas vayan en sentido contrario al mejor aprovechamiento común.
Según Matías Kulfas, hace un año Hernán Martin Perez Redrado tenía inversores interesados en comprar deuda argentina al 14% (que no suena tan descabellado si analizamos los altísimos costos de deuda a la que fue sometida la Argentina, pero si miramos el contexto, seguramente es un negocio que lo transforma en único e irrepetible a nivel global), sin embargo, la decisión de CFK de pagar vencimientos de deuda con reservas del BCRA, lo dejaban afuera (a Redrado) de las posibilidades de conectar la oportunidad con los oportunistas.
Las aguas se dividen, y cada vez quedan más claras las intenciones, los objetivos y las políticas aplicadas según quien las gestione.


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