domingo, 30 de enero de 2011

La integración não tem fim


Inspirado en el teorema de Baglini (el mismo sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es inversamente proporcional a su distancia al poder), me atrevo a anticipar algunos cambios en la mirada y opinión que tienen ciertos argentinos enamorados de cualquier país que pueda mostrar cualquier indicador que esté mejor o por encima de Argentina.
Esta semana el tema político será la visita de la presidenta de Brasil Dilma Rousseff a la Argentina.

Que la primera visita internacional de Rousseff sea a nuestro país es un claro mensaje al mundo (en especial a los argentinos mencionados en el primer párrafo, y de rebote a los que quisieron ningunear a Argentina por no haber sido mencionada en su primer discurso) de la importancia que tiene su socio estratégico en su política exterior.
Hay una clara dirección hacia la integración de ambos países en cuestiones estratégicas, como:
·         Asumir la responsabilidad que tienen ambos países en la región, en favor de los países más pequeños, estableciendo prioridades en la política exterior enfocados en América Latina y los países emergentes.
·         Su enfática dirección en temas como los derechos humanos, en no ceder ni un solo paso, son definiciones que permiten leer el rumbo.
·         La integración comercial equilibrada, para salir al mundo desde un polo industrial del sur.
·         La creación de una matriz energética en la generación vinculada utilizando las fuentes hídricas, nucleares, y petroleras; ya sea construcción binacional, como transferencia tecnológica o explotación conjunta.
Sin intenciones de repetir lo que podemos leer en casi todos los medios, me quiero enfocar en la imagen que teníamos de Brasil hasta el año pasado (provista por escritores, economistas y otros analistas locales, siempre amantes de todo argumento que refuerce el complejo de inferioridad argentino):
Con Lula, Brasil era lejos lo mejor que se podía imaginar y ejemplo para Argentina en prácticamente todo; esto fue así hasta que el ex presidente de Brasil empezó a hablar bien del ex presidente argentino y de la actual presidenta. A medida que Brasil comenzó a tomar medidas en el mismo sentido que ya había tomado Argentina, los comentarios a favor de Brasil comenzaron a menguar.
Ahora que Dilma se dirige a sus oyentes de la misma manera que CFK (“…igualdad de oportunidades…” “… para todos y todas…”), hasta parecería que los temas centrales de los discursos y la redacción de los mismos los hubieran consensuado entre las presidentas más importantes de la región; ya prácticamente no se oyen comentarios positivos de Brasil.
A partir de la primera visita internacional de Rousseff a Argentina con sus siete principales ministros y sus declaraciones, dando todo el foco a nuestro país, comenzarán (los amantes del complejo de inferioridad, y acá comienza mi atrevimiento de hablar hacia adelante) a menoscabar a Brasil, a Dilma y sus políticas.
Con el transcurrir del tiempo (y espero por el bien de nuestro país que CFK sea nuevamente presidenta), aumentarán los malos comentarios hacia las decisiones de las presidentas de los países centrales del cono sur, y los “buenos” comentarios (los que nos dejen disminuidos frente a terceros países), virarán hacia Chile, Perú, o cualquier otro país de la región.
Como dije al comienzo del post, el nuevo teorema alusivo a la situación actual en la región sería así: “el grado de amistosidad y empatía en los comentarios de los analistas políticos-económicos locales referentes a la nueva integración estratégica Argentina-Brasil, es inversamente proporcional al desarrollo de dicha integración”.

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